sábado, 26 de julio de 2014

Blaise Pascal



  
S XVII

Luis XIV se casó con María Teresa de Austria, hija de Felipe II, acérrimo defensor del Catolicismo.

Fouquet, ministro de finanzas, es acusado de malversar los fondos del Estado y  el Rey Sol no volverá a nombrar ningún intendente en economía.
Inglaterra: después de decapitar a Carlos I, Cromwell sigue en el poder. 
Será Luis XIV quien  ayudará  más tarde a Carlos II  para reconquistar el trono;   su padre hijo y   nieto, son reyes  que  pasaron sin pena y sin gloria.

Asesinan a Henri IV en 1610, casado en segundas nupcias con María de Médicis, madre  de  Luis XIII y regente de Francia. Gobierna junto al cardenal Richelieu, hasta la mayoría de edad del futuro rey.  A la muerte del cardenal Richelieu  le sigue el cardenal Mazarin. 

Luis XIII se había casado con Ana de Austria, hija de Felipe II. Luego de veinte años sin hijos, nació Luis XIV. El rey hace construir el Petit Trianon, pabellón de caza de doce habitaciones. Muere Richelieu y un año más tarde el rey Luis XIII.
El delfín tiene cinco años. La madre es la nueva Regente junto al joven cardenal. Los niños viven entre sirvientes; la reina  se ocupa muy poco de ellos y gobierna el país junto a su amante, el cardenal.
El país una vez más, tiene problemas económicos a causa de la guerra contra España: las rentas no cubren los gastos. Ana de Austria, aconsejada por el cardenal, toma una decisión que los nobles feudales no aceptan y se sublevan, dando origen a la Fronde, que llevan al exilio a la Regente, al delfín y  al cardenal; se refugian en Poitiers. 
El futuro Rey  Sol jamás olvidaría el trauma que le causó esa crisis. Cuarenta  años más tarde el Rey Sol se ocupará de la construcción de Versalles, que consta de doscientas habitaciones,  donde reunió a  la nobleza para tenerlos  bajo su  astuta mirada y la más estricta etiqueta. No ser aceptado en Versalles era un deshonor para los nobles, los cuales  se desvivían por una sonrisa, un gesto, una palabra del rey.

Blaise Pascal


De una familia burguesa  de  nobleza provinciana, nace este  un niño débil, nervioso, que sufre tremendas cefaleas, convulsiones violentas y crisis  todas  manifestaciones traumáticas. Toda su vida osciló entre la razón,  la sabiduría, la fe y las situaciones familiares que lo enfermaba  hasta temer por su vida.  

Muere la madre y deja tres  niños.  Nunca fueron a la escuela.  Su padre  será el único maestro, inspirado en Rabelais y Montaigne; les enseña a leer con piezas de cartón; aprenden la gramática sin exigencias ni castigos. Nunca les impone aprender algo sin comprender. Esperaba despertar en ellos el modo de encontrar las respuestas. Los introduce en la lógica  y el francés; a los siete años aprenden latín. Despierta su interés por la historia y  la geografía. Las matemáticas llegaría más tarde. No mezcla religión con  educación. La Fe no se enseña; no es una ciencia: es un sentimiento, sostiene.
El padre fue un autodidacta intelectual, científico y  teólogo. No dejó que fueran al colegio: le disgustaba lo dogmático de la enseñanza: deseaba que sus hijos satisficiera  su curiosidad, sin tener la obligación de adquirir un diploma. 
Pascal guardó  un buen recuerdo de estas enseñanzas.
El padre se dio  cuenta de que Blaise y Jacqueline eran dos prodigios; Blaise era curioso; Jacqueline, una apasionada por la literatura y a esa edad ya componía poesías que Corneille  admiraba.
Cinco años después de ser viudo,  se instaló en Paris con sus hijos  de diez, ocho y   seis años, más la gobernanta que nunca abandonará a la familia. Estienne es admitido en los círculos académicos científicos y filosóficos.  Sigue enseñando a sus hijos, siempre con el mismo método  de buscar el origen de la causa. Blaise fue primero un científico y más tarde un teólogo. 
Cuando  tiene doce años, el padre decide que cuatro días a la semana se hablará latín; a su vez les enseña griego, física y filosofía.
No sabe matemáticas todavía, porque su padre no encontraba un método adecuado; a escondidas, el hijo descubre los números que se volverán su pasión. El padre lo descubre en el suelo, rodeado de círculos, ángulos y paralelos. También se interesó por la geometría; le habla de axiomas y definiciones. Frente a esta  precocidad,  pide la autorización en la Academia para que su hijo asista a las reuniones como observador mudo; los sabios  lo aceptan.  El niño de  doce años ya se codea con los más célebres matemáticos. Devora libros de la biblioteca paterna y busca sobre todo los tratados de matemática. 
Estienne asiste al salón de Madame  de Scudéry; lleva a sus hijos  a la Comédie  y asisten a la primera representación del Cid de Corneille. Jacqueline vive embelesada con la poesía y el teatro; es una pasión que la desborda. Escribe y aprende de memoria obras de teatro completas. 
Nadie sabe en ese momento que esta pasión de la niña salvará a su padre del exilio. Su padre invirtió todo su capital en una firma que quebró. Con otros damnificados protesta y defiende sus derechos. La policía lo busca injustamente, aunque logra huir. La gobernanta y los tres niños en París pasan momentos económicos difíciles. Blaise se refugia en las matemáticas. Jacqueline tiene viruela, quedando con algunas marcas en la cara. El padre regresa escondiéndose  para cuidar a la niña. Se desespera por obtener una amnistía pero se la niegan. 
Jacqueline tiene  trece años y con su talento obtendrá del ministro de Louis XIII, Richelieu, el permiso para el regreso de  su padre. La niña  improvisa con facilidad y desconcierta a los poetas: le piden que escriba un acróstico y la aplauden con entusiasmo; es presentada a la Reina Ana; le piden que improvise algunos versos en honor a la soberana. En pocos minutos la adolescente  escribe un epigrama sobre el movimiento del niño en el vientre: la reina estaba embarazada, luego de veinte años sin hijos y queda embelesada. La quiere a su lado  en la Corte. Cada mañana la traen de París y cada noche regresa a París. La reina da a luz a su hijo, el futuro Luis XIV; le presentan a la niña poeta al rey Luis XIII. La convocan para representar el rol de Casandra; es una adorable comedianta y poeta.
Ella le pide en una poesía la libertad de su padre al Cardenal  Richelieu y éste acepta con la condición que Estienne vaya a verlo con su hija. Desea volver a verla. El padre regresa, es recibido por el cardenal, quien lo felicita por su hija. 

El padre  observa los progresos de su hijo de 16 años. Éste estudia  los principios de la proyección sobre los plano

s de figuras trazadas en el espacio; partiendo de los manuscritos de un académico,  le escribe a Descartes para anunciarle este prodigio.Pero los triunfos de sus hijos no traen alimento a la familia. La renta del padre no recobró su valor.
Richelieu le propone un puesto en Rouen, capital de Normandía, como recaudador de impuestos; es  quien firmará las autorizaciones para encarcelar, torturar y exigir el pago. Richelieu necesita el dinero de los impuestos para la guerra contra España. Al padre le disgusta su nuevo trabajo, pero  es imposible no obedecer una orden del cardenal sin irritarlo. Tiene una linda propiedad, carruaje, sirvientes.
Blaise tiene diez y ocho años; sigue siendo un prodigio. No se rebela frente al trabajo de su padre;  fue siempre  sumiso.
La hermana mayor se casa con un primo y  vivirá en un palacete lejos de su familia. Su hermano enferma con  terribles dolores de cabeza y de vientre; está paralizado de la cintura para abajo. Escribe lo siguiente: “desde esta edad no pasé un día sin dolores”. No se queja; los males se calman y regresan otra vez; coinciden siempre con situaciones psicológicas. Se quedará con su hermana menor a quien adora. Ayuda a su padre en la administración fiscal.
La vida cultural en Rouen es intensa; reciben a Corneille, que es  normando y ven  una representación de Molière, que acaba de fundar el ilustre teatro. Jacqueline tiene catorce años y se siente feliz con el encuentro de su poeta preferido. Corneille está encantado con la adolescente. Le lee escenas de sus tragedias. El dramaturgo la incita a que escriba, pues encuentra sus versos admirables; por su intermedio envía uno de sus poemas en forma anónima sobre la Concepción de la Virgen -protectora de Francia- para el nacimiento del delfín. Gana el primer premio de forma anónima y será Corneille quien  lo reciba en su nombre.  
Pasan algunos años. De nuevo un cimbronazo: Piden la mano de Jacqueline a sus diez y ocho años. Pascal cae gravemente enfermo. Un  nuevo problema emocional lo traumatiza; ama a su hermana intensamente y hace lo imposible para que no acepte el compromiso. Cuando Jacqueline se niega a casarse, su hermano mejora.
Por segunda vez  está a punto de ceder al matrimonio, pero se niega por tener otros planes; después de pasar cuatro meses en Port Royal, ser monja se vuelve su obsesión; su padre se niega, mientras él viva.  Jacqueline se encierra en el cuarto y lleva una vida  monacal hasta la muerte  de Estienne. Su hermano  no soporta vivir con un padre  moribundo y una hermana encerrada en su cuarto, como si fuera una celda. Por un tiempo se ocupa de tener una vida social, mientras responde a los desafíos  y a los enigmas que la ciencia le pone  en el camino. Se encuentra con sus amigos académicos y frecuenta el salón de moda de Madame de La Fayette. 

Muere su padre.  Luis XIV será rey a los cuatro añor y sube al trono a los diez y ocho.   
Blaise,  ahora jefe de familia,  le niega también el permiso de entrar como monja e incluso  la parte de su herencia si lo desobedece; una noche Jacqueline se escapa al monasterio, sin avisarle. Otra vez enferma; la hermana mayor no sabe qué hacer. Jacqueline le hace saber que estará encantada de recibir la  visita de su hermano en el locutorio de Port Royal y si no puede ir por su salud,  siempre pueden escribirse. El no responde   las cartas. Ya no tiene obligación de pedir su aprobación, pues es mayor de edad, pero no desea estar enemistados. Pasa cuatro meses como postulante y -al comenzar la etapa  del noviciado- necesita  pagar la dote que antiguamente se exigía para entrar a un convento. Cede a su hermano la mitad de su herencia, si de inmediato le adelanta la otra mitad para aportar como dote.  Pascal le cede una pequeña renta en espera de la herencia, pero estipulando que nada más obtendrá, si sigue empecinada con la idea.  Jacqueline se desespera; las monjas no la apremian pero ella siente que es su deber. Termina el noviciado y  debe hacer sus votos solemnes  al año siguiente. Le  escribe  a su hermano  que sigue esperando su visita. 

Pascal no soporta vivir solo en París. Le duelen las piernas y la cabeza; se instala en casa  de su hermana mayor, en Auvergne; pasa el invierno revisando los textos de física. 
Jacqueline enferma; pasaron dos años desde la muerte de su padre; su hermano abdica y le anuncia que pagará su parte; Jacqueline está feliz y le agradece.  Blaise, oculto entre la gente y con lágrimas, asiste a los votos perpetuos de  su hermana. Salvo  dos poesías religiosas,  Jacqueline nunca más se ocupó de escribir. La Orden se ocupa de educar niñas.
Pascal es un genio físico y matemático, que ilumina su época con descubrimientos de suma importancia, encontrando en la ciencia la claridad y el rigor que le son necesarios.  Pero se entabla una lucha entre seguir  dedicado a la Ciencia o defender el Jansenismo, a la cual está subordinada la Orden de Port Royal.
Mitad del S XVII 
Pascal sigue siendo un genio:
. Se conoce su máquina de aritmética, que se considera como una curiosidad. Todos los ordenadores de hoy tienen su origen en la máquina de Pascal, una vez pasadas del sistema decimal al sistema binario.  
Inventó la máquina de calcular. Descartes, el más renombrado matemático de su tiempo lo visita y queda tan sorprendido que regresa al día siguiente, antes de partir para Holanda. Dijo haber aconsejado a Pascal de medir la altura del mercurio en un tubo. Aunque su teoría sobre el vacío, denominada éter o materia sutil, estaba muy alejadas de la experiencia de Pascal. Descartes instala un tubo de mercurio en su cuarto para anotar las variaciones de la altura en la columna metálica, según   el tiempo que hace. 
• Se ocupa de la Teoría del equilibrio.
•  Establece la base de la hidrostática y de la Teoría de los conos.
• Inventa el cálculo de probabilidades y descubre los principios del cálculo infinitesimal e integral para poner a punto su Teoría del vacío.  
Partiendo de un hecho accidental  concibe una experiencia y de allí establece una ley.
Un mes más tarde Pascal recibe la visita del filósofo, publica su trabajo sobre el vacío y selecciona ocho experiencias. No afirma nada que no sea probado; nada está demostrado, pero está convencido que es el peso del aire que hace subir el mercurio en el tubo, haciendo equilibrio con la columna de metal líquido.  Inventa dos experiencias nuevas, donde prueba que la presión del aire exterior sobre la masa de mercurio es la causa de la suspensión de mercurio en el tubo, aunque todavía no es decisivo, pues no es incompatible con el horror al vacío.
Con esta sola y simple experiencia Pascal revoluciona la física de los fluidos e inventa el método experimental. Pone fin a la confusión entre el vacío y la nada y abate las bases de la hidrostática; espera diez meses para finalizar una teoría antigua de varios siglos, uno de los textos científicos más importantes, pues acaba de inventar el método científico.  No le interesa que la definición sea solamente clara sino verdadera. 
Sus experimentos atraen la atención de toda la Europa. Su teoría del vacío es confirmada a mitad del S XVII.  Experimentos sobre el vacío se realizan en Polonia, en Suecia y Holanda. Se espera con impaciencia los resultados finales que éste prepara sobre la geometría. Tiene la certeza de modificar el azar en verdad, la decisión en razón y haber conciliado la ciencia y el azar, esos dos opuestos. 
Se siente cómodo en la sociedad; Pascal necesita llenar el hueco que dejó su hermana en su vida. Frecuenta la Corte y comenta irónicamente como allí los hombres se ocupan se seguir “una bala o una liebre”; como los placeres reales.  Tiene veintisiete años; ser sociable fue una etapa   breve en su vida.
Port Royal será el fin del científico y el renacer del filósofo, menos genial que el primero. Todos sus éxitos no lo satisfacen: siente nostalgia de su hermana y de su casa vacía. La visita en el locutorio y paulatinamente se aleja del mundo científico. 
Surgirá el escritor, el filósofo que con dos obras se impone al mundo. Las Cartas lo harán más famoso a través de los siglos que todos sus descubrimientos geniales en el campo de la física. 
Luis XIV  siempre pensó que los jansenistas no eran ajenos a los problemas que tuvieron con la Fronde y para siempre será  sus enemigos.  Recordará  el miedo que tuvo en las divergencias teológicas entre los jesuitas y éstos. 
El desacuerdo con los jesuitas y jansenistas, enemigos acérrimos por defender  una diferente doctrina sobre la predestinación, será su nueva ocupación. 
Las Cartas publicadas en forma anónima  defienden la Orden de su hermana. A su vez se convierte en un asceta, vende o regala prácticamente todo sus bienes para   formar parte de la vida de los reclusos,  por períodos esporádicos.  
A mitad del siglo, luego de una noche oscura, acepta hacer un retiro en Port Royal, entre  los reclusos. Abandona su casa y se instala en un cuarto en donde viven la mayoría de los “Solitarios”. Cada día emprenden el camino a la iglesia para rezar con las monjas. Este científico famoso, hermano de una religiosa, es muy bien recibido. Acepta el  régimen draconiano; se levanta a las 5 am, asiste a la misa, lee la Biblia, a San Agustín, a Montaigne y a otros.  Participa en ciertos trabajos manuales e inventa una máquina para aligerar el peso de los baldes de agua, sacados de un pozo. 
Regresa a París,  donde desde su cama y siempre con dolores  escribe sobre la naturaleza  de las matemáticas: la ciencia es necesaria para su equilibrio y no contradice con su fe. Toma notas para un libro sobre la condición humana que nunca terminó; se siente feliz por haber encontrado un camino para visitar más seguido a su hermana, La ayuda a preparar los cursos que se dan en Port Royal y le explica un nuevo método de lectura por sílabas y no letras.
Pronto se produce el gran cambio que pone a prueba su fidelidad a Port Royal, en la batalla que lo ocupará el resto de su  vida. Jacqueline se inquieta por los excesos de privación y de ayunos de su hermano. Trabaja en comprender a San Agustín, aunque todavía siga ocupándose de problemas matemáticos.
Su personalidad como crítico literario  se impone con las Cartas  Provinciales, donde asombrará por el estilo y el tema, el más grande éxito en las librerías de L´Ancien Régime. Los siglos siguientes se fascinarán con sus preguntas retóricas. En un año escribe las otras, luego del éxito de la quinta Carta, pese a sus migrañas y cólicos.
Le gusta utilizar el razonamiento por el absurdo. Si A no es 
B...
Es el hombre  responsable de sus actos o prisionero de sus pulsiones? ¿Es libre? ¿Está determinado desde su nacimiento? Ironiza a Descartes en el tema que pretende  probar la necesidad lógica de Dios aunque no vio  que la lógica es incapaz de establecer la inmortalidad del alma.  No se puede llegar a Dios por la imposición del saber o de la verdad. Dios no es un argumento de autoridad. 
En la segunda Carta se ocupa del  hombre, si es o no  libre de decidir su destino. Pascal  se preocupa durante  estos últimos años de la salvación y la responsabilidad de cada uno de los actos humanos. Si la suerte del hombre está determinada por Dios con anticipación  a su libre albedrío, sin que jamás sea juzgado por sus actos, de nada sirve creer o seguir una moral. Si, por lo contrario, el hombre puede influir objetivamente sobre su conducta y ser responsable de la eternidad, habría un sentido.
Si Dios es todopoderoso y decide por adelantado la suerte de la salvación de cada ser, el hombre es un objeto maleable en sus manos. ¿Somos determinados por el entorno o somos responsables? Desde Calvin y Lutero esta cuestión está omnipresente. ¿Somos libres de ser felices o la vida es un breve pasaje que decide un destino eterno? Si Dios decide todo: ¿De qué sirve rezar? ¿De qué sirve creer y para qué sirve la iglesia? ¿De qué sirve la moral? Si Dios decidió todo  por adelantado, no se necesita una iglesia pero, si los hombres son libres: ¿Por que no lo serían frente a Dios? 

En el S IV se sostuvo que el hombre podía decidir sobre su salvación por su única voluntad; después se condenó ese principio. San Agustín, un erudito laico de África del Norte, más tarde obispo, explica que la gracia de Dios es dada gratuitamente  a ciertos seres y que nadie puede hacer nada para obtenerla o rechazarla. La iglesia retiene esta posición oficial del santo. Para Agustín, el individuo no es libre; la obediencia misma es un don así como la caridad. La Fe es también una gracia: la predestinación es un modo de señalar la esencia divina.


Desde el S XVI, los cambios en la economía llevan al progreso de la libertad intelectual y espiritual. Una ética secular, burguesa, individualista, cuestiona  lo afirmado por Agustín. Con Lutero y Calvino se regresa nuevamente a la primicia del santo. Los hombres son condenados previamente al infierno, por el pecado original. Sólo pueden esperar la gracia divina, que se torna  arbitraria e incomprensible. Nadie puede hacer nada por su  propia salvación. Una tal tesis vuelve a la iglesia inútil. Se abre el concilio de Trento, a mitad del Siglo XVI,  bajo el Emperador Carlos V. Su hijo Felipe II defiende, al igual que su padre, con toda energía y mediante las armas lo que sostiene el catolicismo. Los jesuitas  se imponen en Francia al servicio de la educación  y de la pobreza; los jesuitas se ocupan de la Teología, explicando que el pecado original no impide al hombre  obtener su salvación, gracias a los sacramentos,  la oración y  la virtud. La nobleza opina que la gloria se encuentra en los actos terrenales; los burgueses y los pobres  aceptan resignados lo que exige la tradición. Los ortodoxos encuentran en el pensamiento griego un puente hacia el Renacimiento: citan a Platón, a Aristóteles, a Pico de la Mirándola. El hombre se asume en total libertad. Los  teólogos basan la gloria en la grandeza del hombre, como manifestación de la omnipotencia divina. Dios es grande por manifestarse en sus criaturas. 

El jansenismo tendrá un rol preponderante en Francia, durante un siglo y medio. Humillarse y sufrir es lo principal para una vida cristiana. Pretende regenerar a la iglesia.                           
En  la primera década del S XVII,   Jansenius trabaja en los pensamientos agustinos. En la segunda década, san Cyrano es el director de conciencia de poderosos Señores, miembros del Parlamento y eclesiásticos. Busca un poder sin límite. Se siente capaz de manipular a Luis XIII. Aconseja al rey de echar a todos los mendigos. Richelieu admite que Cyrano es más peligroso que seis ejércitos. El Cardenal se entera de que Cyrano  vive en los Países Bajos y se relaciona mediante un código secreto con Jansenius, lo cual percibe como una amenaza para Francia. Ambos  desean encontrar la iglesia en su origen y conducirla a la pureza del tiempo de las catacumbas, además  de restituir  a los obispos la dignidad del pasado. No se preocupan si las máximas del san Agustín  son verdaderas o falsas; sólo les interesa si pertenecen.
Los jesuitas descubren la trama de Cyrano y Jansenius: se escandalizan admitiendo que  intentan utilizar al santo contra su Orden. Las cartas  entre  ambos se interrumpen por la guerra entre Francia y los Países Bajos. Jansenius crítica en un manuscrito la política de cardenal Richelieu, sometida a  razones de Estado. Cuando muere, a principio del Siglo XVII, la universidad de Lovaina, se pregunta qué hacer con el manuscrito.  Jansenius explicó que todos los teólogos -sobre todo los escolásticos jesuitas- se equivocaron al apoyar la religión sobre la razón, en vez de basarla sobre la historia revelada. Concibe a san Agustín como una autoridad.  El pecado original fue tomado como un hecho histórico: Adán y Eva no supieron amar a su Creador; la condena no fue suficiente: se debe morir para renacer. La iglesia no sería indispensable pues no actuaba como intermediaria. Sin la amenaza, no existe la necesidad de su protección. Los confesores no lo comprendieron; los libertinos sólo creían  en la felicidad, y los científicos, en la razón. 
El libro se publicó bajo el nombre de Jansenius, a mitad del Siglo. Cyrano lo lee en la prisión y  encuentra sus propias ideas. 
Con Luis XIV al poder, los jesuitas tienen el apoyo del soberano y su ayuda económica; para la realeza, los enemigos  fueron los protestantes y los jansenistas 
Acusan a Jacqueline de oponerse a  la Iglesia por defender a los jansenistas. Port Royal apoya a Jansenius. Pascal la defiende a través de las  Cartas anónimas, que tienen un gran éxito. En medio de esa batalla filosófica, muere su hermana. Pascal pierde la energía de seguir escribiendo para defender el jansenismo; su salud se quebranta totalmente  y muere al año siguiente. Se le hace una  autopsia para conocer la causa de tantos males físicos, diarreas y cefaleas. Encontraron el  estómago y el hígado en  pésimo estado y los intestinos gangrenados, sin saber si fue la causa o la consecuencia  de sus cólicos. Había un dedo de sangre  cuajada  y putrefacta que llegaba casi hasta la DuraMadre. Hoy se podría diagnosticar su muerte debido a una necrosis intestinal, un infarto  mesentérico y una hemorragia cerebral. 
Al morir la Superiora de Port Royal, el jansenismo  decae  y los Pensamientos de Pascal son considerados  hoy como de un amateur escribiendo sobre teología, aunque sus ideas permanecieron entre los franceses. Las Cartas  Provinciales  fueron un éxito literario y por fin se pudo  reconocer  al  autor. Fueron  traducidas al latín, al inglés,  al español y al italiano y continúan siendo célebres.  El Rey, en total desacuerdo deseaba una bula que condenara los comentarios de la Biblia, traducida al francés.  El Pontífice lo otorga ese favor al rey. Cuando el Rey Sol muere, el jansenismo desaparece.  Los jesuitas también desaparecerán del poder por varios siglos. 
El siglo XVIII  será el de los Enciclopedistas con predominio de la razón. Rousseau y Voltaire se irritan con los Pensamientos y ven en los conceptos entre la gracia, el pecado y la salvación  un absurdo imposible de explicar. 
Leibniz sostiene que Pascal fue un pensador de gran inteligencia pero de una austeridad excesiva. Si sus explicaciones teológicas no permanecieron, continuará siendo   el gran reformador de la prosa de ese  Siglo.
La Primera Guerra Mundial le devuelve a Pascal su lugar entre la razón y el frente  absurdo de bombas y obuses.  Pascal introdujo en la filosofía un cierto modo de pensar diferente, con  resultados susceptibles que pueden ser  verificados por sus lectores. Lacan se interesó por sus juegos de palabras, sus reflexiones y su definición sobre el inconsciente.  Su estilo es natural, límpido; sabe persuadir, elegir las palabras precisas, organizar el texto.  Un mensaje eficaz, debe ser breve y preciso para provocar la admiración de quien lo lee. La frase corta no se conocía en esa época, lo cual permitía todo exceso retórico; en Los Pensamientos predomina  la censura, el rigor matemático y la brevedad. 
El hombre que tocó temas tan disparatados como la gracia y la salvación fue quien escribió con pura lógica y coherencia sobre la geometría, la perspectiva y los conos,  el cálculo integral y la teoría del vacío. Afirma que todos los males del hombre vienen de no poder quedarse en reposo. Cambiar el punto de vista puede cambiar al ser. Conocer los límites permite luchar con la fatalidad y el destino, reducir el lugar divino en la puramente terrenal , sin ocuparse del rol que nos espera en el más allá. 
Las Cartas se convierten en un género literario, como las máximas, los caracteres y las fábulas;  evita hablar de sí mismo, refiriéndose a lo universal. El Gran siglo XVII no hubiera existido, sin  el genio de Pascal y sin la autoridad  del Rey Sol.  

Bibliografía, Jacques Attali, Blaise Pascal ou le génie français, Edit A Fayar año 2000-



martes, 29 de abril de 2014

NIETZSCHE

 NIETZSCHE

La leyenda lo describe con una cabeza orgullosamente erguida; frente alta, surcada por arrugas, cabellos revueltos, cuello potente y robusto; cejas tupidas, mirada de halcón; un espeso bigote cubre su boca y un mentón prominente recuerda a un guerrero bárbaro con cabeza y cuerpo de vikingo germano. En esta forma de superhombre ha sido representado este gran solitario para hacerse comprender por la humanidad.  
En un mezquino comedor de una pensión de seis francos diarios, en un hotel de los Alpes, entre huéspedes indiferentes que una campana ha llamado a comer, entra un individuo de espaldas cargadas, de silueta imprecisa y con paso incierto, que avanza tanteando como si saliera de una caverna; su traje es oscuro y cuidadosamente aseado; oscuro también su rostro y su cabello en desorden; oscuros igualmente los ojos detrás de unos extraordinariamente gruesos cristales. 
Suavemente, casi con timidez se aproxima; a su alrededor flota un silencio anormal. Parece un hombre que habita en las sombras (tiene 6/7 de ciego); temeroso de todo sonido, saluda con cortesía y distinción y le devuelven el saludo; avanza hacia la mesa con paso incierto; prueba los alimentos con precaución propia de un enfermo del estómago; rechaza el guiso excesivamente sazonado o el té demasiado fuerte, pues irritaría su vientre delicado y –si éste se enferma- sus nervios se excitan. Ni un vaso de vino ni un vaso de cerveza, nada de alcohol ni de café; ningún cigarro o cigarrillo: no a los picantes; sólo comida sobria y una charla cortés en voz baja con el vecino de su mesa.
Regresa a su habitación, a sus papeles, notas y escritos. En un rincón, en un pesado cofre de madera está toda su fortuna: dos camisas, un traje, libros y sus manuscritos. Sobre un estante, muchas botellitas y frascos diferentes para combatir sus migrañas o para luchar contra los calambres de estómago que llegan a producirle vómitos de sangre o para combatir su eterno insomnio con dosis cada vez más fuerte de cloral y veronal; un inconmensurable artesanal de drogas, única ayuda que puede encontrar en el vacío de un cuarto anodino de hotel, donde sólo le es posible obtener el reposo a través de un sueño provocado y artificial. Envuelto en una capa y con una bufanda de lana (la chimenea ofrece humo, no calor) y con una capa, una bufanda de lana y los dedos ateridos de frío más sus gruesos lentes tocando casi el papel escribe rápidamente durante diez horas, palabras que su propia mirada no puede luego descifrar. Durante horas, sentado, escribiendo, hasta que las pupilas le arden y le lagrimean los ojos. Si hace buen tiempo, el eterno solitario da un paseo. Nadie le detiene jamás. El tiempo inestable, la nieve, la lluvia, los cambios climáticos lo retienen en su cuarto prisionero. Escribe junto a la lámpara sin que sus nervios –siempre tensos- se aflojen. En los días de verdaderas crisis, entre las jaquecas, los vómitos y calambres estomacales, llega hasta perder el conocimiento. De vez en cuando un visitante; no le queda ni un rastro de sociabilidad; la conversación termina por fatigarlo. Nietzche trabaja diez horas diarias en cualquier lugar donde se encuentre; su mente se venga de esos excesos con dolores de cabeza que lo enloquecen o la continua tensión nerviosa que lo dejan exhausto e insomne. Se subleva y toma nuevas dosis o cambia de remedios; se entabla de este modo una lucha encarnizada entre sus órganos irritados; nunca un momento de reposo, de alivio total a sus malestares múltiples. 
En veinte años no existe una sola carta en donde no suene el gemido de su padecimiento y sus gritos se hacen cada vez más  furiosos ante el aguijonamiento incesante. En una de sus cartas escribe lo siguiente: "una pistola es para mí, actualmente, un pensamiento consolador; en otra ocasión exclama:"mi terrible martirio, casi insoportable, me hace anhelar la muerte. Por ciertos indicios me parece estar cerca de un ataque cerebral que me traerá la liberación, porque en todas las edades de mi vida el exceso de dolor ha sido monstruoso para mí."No encuentra palabras bastante significativas a fin de expresar su descontento y en la repetición pierde la fuerza. Sin embargo, su cuerpo era fuerte y resistente y su tronco ancho y sólido, ya que pudo soportar tanto tiempo tantos  malestares; sus raíces se hunden en una sana generación alemana, pero sus nervios son demasiados sensibles para la violencia de su sensibilidad y por ello están en perpetua conmoción. 
Al sufrimiento se opone una gran capacidad para sufrir y a la gran vehemencia de sentimiento se opone igualmente una gran delicadeza nerviosa de su sistema motor; el más pequeño estremecimiento rompe su fuerte vitalidad en mil partículas y esa hipersensibilidad fatal que se estremece dolorida es, al mismo tiempo, la fuente de su genial inspiración . No es necesario una causa tangible; basta las vibraciones climáticas a fin de hundirlo en tormentos psíquicos y físicos. Pocas veces ha existido un intelecto tan sensible a las variaciones meteorológicas; en su interior lleva mercurio; es la excitación misma; entre su pulso y la presión externa, entre su sistema nervioso y la humedad ambiental existen misteriosos contactos eléctricos; sus nervios acumulan y reaccionan según las oscilaciones de la naturaleza; la lluvia o un viento fuerte deprimen su vitalidad; un cielo cubierto abate su alma profundamente; la nieve le resta potencia; la humedad lo debilita, mientras la sequedad y el sol lo vivifican y le otorgan savia. Necesita de continuo un cielo sin nubes donde no sople el viento. Estas presiones climáticas diferentes alteran su cuerpo y su espíritu, sometidos a los más mínimos cambios: "No soy un cuerpo ni espíritu; soy algo diferente; sufro en todo y por todo," admite. 
Esa precisión de sensibilidad, esa tendencia a reaccionar con vehemencia desde su cuerpo ante cada impresión aumenta durante los últimos seis años. En medio de la soledad y el silencio exterior, como todo hipocondríaco, observa hasta la menor que sufre  su cuerpo. Es un diagnosticador genial que se entrega al placer de un psicólogo curioso y hace de sí mismo un caso de observación y estudio. Actúa de médico y de paciente al mismo tiempo; ; ensaya  dietas, brebajes, curas de agua; calma sus nervios con bromuro. Se convierte en un contemplador patológico. Nada hizo más agudo sus padecimientos que esa continua observación. 
Después de seis años de tormentos incesantes alcanza el punto más bajo de su vitalidad; tiene deshecho sus sistema nervioso y, víctima del pesimismo y abandono, de repente se presenta uno de aquellos momentos de magica mejoría; toma su enfermedad que mina su cuerpo y la estrecha contra su corazón. Apenas descubre el sentido de su sufrimiento anhela convertirlo en un apostolado. Ese renacimiento es, por su puesto, una autosugestión ficticia; precisamente cuando levanta las manos hacia el cielo lleno de gozo, ebrio de energía saludable, jurando no haber estado jamás enfermo, el rayo de la locura se apodera de su víctima. En la embriaguez, no toma en cuenta nada; se limita a sentirse sacudido de placer. Llama a su amigo Peter Gast y le pide: "Cántame una nueva canción." 
El mundo se ha transfigurado y  se estremece de alegría, pero ese cielo atraviesa su cerebro, enloqueciéndolo por diez largos años. 
Hasta su muerte Nietzche se precipita al abismo durante temporadas, cegada su mente hasta las oscuras profundidades de un vacío total, casi inconcebible en una inteligencia tan lúcida y brillante. 

 Bibl: Halévy, Daniel. Vida de Nietzsche. Edit Emece SA, año 2000

MALLARME

A los quince años escribió "Sensation"; a los diez y seis había descubierto las posibilidades en los versos que se apartaban de la estética y, adolescente aún, casi un niño, había creado el imperecedero "le bateau ivre"(el barco ebrio), aquella sinfonía fantástica de palabras febriles. Y medio en broma, medio en serio compuso sin darle importancia un soneto sobre el color de las vocales, que se conserva hasta hoy como el evangelio de los artistas. Creaba sin preocuparse. Sus versos fueron coleccionados y publicados por sus amigos, excepto "Une saison dans l´enfer"( una temporada en el infierno) que editó él mismo en Bruselas, aunque al día siguiente mandó destruir todos los ejemplares; unos cuantos se salvaron por pura casualidad, unos cuadernitos magros, sucios, impresos en papel ordinario. La poesía significaba un modo de liberación, una válvula de descarga para su exceso de vitalidad. Primero arrojó lo excesivo en poesía, luego con las mujeres y más tarde en sus viajes. No lo consiguió. Cometió desatinos, se precipitó en todos los países como evadiéndose de una prisión. Fue precoz, iracundo, brutal, con visos de atleta, de una energía sorprendente aunque sin continuidad. Siendo pareja de Verlaine, (poeta maduro, casado y con hijos) el bellísimo adolescente con cara de ángel, actuaba como marido infernal y Verlaine, como el soñador energizado por el fuego que devoraba su pareja infantil. A Rimbaud nada le fascinaba: el sentido familiar era una necedad de ataduras; tiraba por la borda el patriotismo, el orgullo cultural. El arte lo consideraba como un modo de trabajo libre de la estética y de compromisos convencionales; dominó la poesía por la fuerza., sin escuela ni estética -edificada por millares de predecesores- se derrumbó como un castillo de naipes. En esta libertad se forma su obra poética, autóctona, germánica y bárbara; irrumbe en la cultura gálica, como los pueblos jinetes durante los tiempos de la migración. Esta emancipación de todos los conceptos es la condición previa de su magnitud. Por supuesto se añade un talento único. Los ve, los oye, los saborea, los huele y se adentra en la poesía; devora los versos y los consume absorbiendo su esencia, sus más finos matices; todo se resume con tanta intensidad que absorbe las impresiones de los sentidos y se extravían sus cualidades; perfumes, colores, todo se confunde y ya no existe el saber sino la sorda sensación del instinto estimulado que Rimbaud en alcanza el límite de la perfección. No escribió para libros de arte, únicamente quiso descargar su tensión interior y es natural que tal desenfreno, tal abundancia de expresión hiciera explotar la forma tradicional del verso francés. A los quince años utiliza el alejandrino para luego apropiarse del ritmo de los nuevos metros. La rima salta ásperamente y derriba la forma trizándola primero en la asonancia, en la libertad de la rima y luego atacándola con una melodía agitada. Su poesía es dionisíaca. Liberado de la cultura es el balbuceo de los sonidos primitivos en forma rapsódica o a modo de sermón. La fuerza lingüística de este poeta llega a lo grandioso, los conceptos irrumpen con un esplendor jamás escuchado. Las palabras se renuevan electrizadas; saltan, de modo inesperado, sorprenden y fascinan. Son palabras extraídas la mayoría de las veces de la ciencia, a menudo inventadas. Hay mil ejemplos, uno en cada estrofa: " la reine aux fesses cascadantes" " le cour fou robinsoné"," les insultes ilyphaliques et pioupiesques"; no existe una traducción posible; son conceptos y verbos inventados, aunque de una sonoridad asombrosa. La Academia todavía no los ha incorporado al diccionario; tampoco las ha rechazado en su obra. Durante tres años llevó a cabo obras inauditas a la edad de un puber adolescente. A los quince, repito, escribió "Sensation, espléndida poesía; a los diez y seis compuso "les chercheuses de pous" (las buscadoras de piojos) de una belleza diabólica, perversa. Los ritmos cada vez más airados, cada vez más violentas las fantasías. Rimbaud abandona la poesía a los diez y seis años. Abandona también Europa. Llega hasta el magnífico Oriente. Muere joven, en la calle, en Marsella solo y completamente ebrio. Su visión solamente se comprende con la posteridad. Uno queda atontado, tambaleando bajo los embates de las imágenes febriles pero así se realizan su íntimo deseo: ser un vate, un mago que encuentra los sueños del futuro. El los adivinó. Su existencia a posteriori reveló en "le bateau ivre"lo que había revelado sus poesías anteriores. Es una de las últimas . Como el arte era demasiado estricto para permitir estas explosiones de lo indecible, abandonó la poesía; la arrebató primero, la violentó y la tiró como inútil. Superó las últimas ilusiones antes de que los otros osaran pensarlo y terminó borrando su fórmula. Si la biblia admite "que en un principio fue el verbo", también Rimbaud, con rasgos férreos admite que "en el principio fue la acción". Bibl. Sweig, Stephan, "Rimbaud, ensayo de la PASION CREADORA.

KANT


KANT



Era de naturaleza difícil, constitución enfermiza y de una extremada sensibilidad. Su puntualidad era rigurosa. La filosofía crítica no podía hallar otro carácter que mejor conviniera a su fundador. Procedía siempre como un racional y ordenaba sus días como si se tratara de la misma razón pura. Como filósofo investigó las últimas condiciones del conocimiento humano y sacó los principios que fundan y limitan nuestro saber. Como individuo, puso su vida bajo el imperio de los principios que había establecido rigurosamente. El verdadero fin de su doctrina era someter todo acto de entendimiento a principios sabidos con toda claridad y acompañar todo juicio con la conciencia perfecta de su posibilidad. La regla era someter esos nítidos principios de cada acto cotidiano de la vida y acompañar cada uno con la conciencia perfecta del valor justo. No hacer nada que fuera contrario a ese fin; determinar toda acción según la finalidad era para él una necesidad natural como moral. Era un filósofo y un hombre de principios. Hamas hubiera sido quién fue, si no hubiese sido también el hombre que supo ser. Tenía una salud débil y quebradiza, pero su voluntad de hierro y la regularidad de cada uno de sus actos ayudaron a mejorarla. Nunca se acostó más tarde de las 10 P.m. levantándose durante treinta años a las 7 A.m. Si alguien osaba sacarlo de unos de sus hábitos alguna vez, no se dejaba envolver nuevamente en un acto similar. Deseaba que su labor ardua y difícil, que tanto recogimiento le exigía, no fuera interrumpida de modo alguno. Contrariado porque un gallo de un vecino cantaba demasiado, quiso primero comprárselo y -al no conseguirlo- tuvo que mudarse. Como el ruido de unos cantos religiosos que entonaban unos prisioneros también le incomodaba para reflexionar, le escribió al alcalde. Asimismo la música -a la cual apodaba "un arte inoportuno" le hacía perder su buen humor y llegó a tenerle suma aversión. Todo lo que interrumpiera el círculo habitual de sus pensamientos  le era desagradable. No toleraba ni siquiera un botón desabrochado en uno de sus discípulos, menos aún descosido. A la hora del crepúsculo solía entregarse a la meditación, luego de haber dedicado la tarde a sus lecturas habituales; tenía el hábito de fijar la mirada en una torre que se encontraba enfrente, pero crecieron unos álamos inoportunos, vecinos a su morada, que ocultaron la vista de dicha torre. Logró finalmente que su vecino sacrificara la copa de esos álamos atrevidos que incomodaban su saber. Únicamente después de una lucha interior logró despedir a un antiguo criado que había tenido durante cuarenta años y que no solamente era completamente inútil sino también de conducta indigna. Le costó un esfuerzo considerable lograr tamaña hazaña. Cuando invitaba a almorzar no podían ser menos de tres los invitados ni más de nueve. Su sociedad no podía ser mayor que el número de las Musas ni menor que el de Las gracias. Luego de sus frugales comidas venía un ligero reposo y más tarde un paseo que duraba una hora o más, si el tiempo se lo permitía. Paseaba solo y lentamente. Los atardeceres estaban consagrados a la lectura y los crepúsculos, a la meditación. A las 10.P.m. finalizaba sus tareas, no infligiendo ese orden impuesto. Si en alguna ocasión debió romper esas reglas se prevenía para que no volviera a suceder. Era una existencia tremendamente regular, meditada en sus ínfimos detalles según sus propios cánones, desde el diario alimento hasta el color de su vestimenta diaria. Celibato Kant no tenía ninguna inclinación hacia el matrimonio. Se basta a sí mismo y, siendo un egocéntrico independiente, permaneció soltero. Más envejecía, más se  a sus costumbres y ese sistema de vida era incompatible con una pareja. Pero  le era agradable el trato femenino;  la gracia y el encanto de las mujeres de la sociedad, aunque rechazaba a las eruditas. Aceptaba un matrimonio basado en la razón económica y hasta incluso lo aconsejaba a los jóvenes amigos, pero se disgustaba si veía el menor asomo de pasión. Sus ideas respecto al matrimonio eran sumamente materialista, prosaicas. Podemos echárselo al hombre, no al pensador. No veía nada de poético ni de sentimental en una boda de una pareja. (Recordar que Descartes, Spinoza, Leibniz, Miguel Ángel, da Vinci y Beethoven fueron amantes del celibato). 

SUS PRINCIPIOS 

La misma puntualidad que regía sus días también regía sus trabajos. Formaba un plan y reflexionaba sobre él en sus solitarios paseos. Los anotaba y los estudiaba en sus mínimos detalles. Antes de comenzar una obra, el manuscrito estaba listo íntegramente. Analizaba lo más profundamente posible los conocimientos del individuo, no dejando nada librado al libre albedrío. Sin prejuicios, pero de sobria moralidad inquebrantable, rechazaba las meras apariencias, siendo incondicional de la Verdad. Era un sentimiento innato en él, formando el núcleo de su personalidad. Evitaba toda clase de engaños e ilusiones. Vivía en un continuo examen de conciencia; juzgaba sin artilugios conceptuales. Desnudaba las cosas y-si bien admite  la sátira- rechaza la retórica por considerarla un juego de ingenio pleno de sintagmas artificiales. Nada sabía sorprenderlo, si a veces convencerlo. Su estilo era austero como su modo de pensar, siempre profundo, en ocasiones denso (utilizaba los paréntesis en un mismo período sintagmático, difíciles en una primera lectura). Para comprender era indispensable seguir el riguroso método cartesiano; dividiendo lo complejo, tomando por separada cada proposición para luego unirlas, cuando todas las dificultades habían sido aclaradas. La pesadez del estilo se observa en los temas profundos, donde no deseaba omitir nada. Cuando el objeto tratado se lo permitía, escribía en un estilo ágil y de fácil comprensión. 

ENFERMEDAD Y ANCIANIDAD 

Experimentó todos los achaques de la senectud. Tenía 69 años cuando escribió lo siguiente. "Según la Biblia dura nuestra vida 70 años y -cuando uno lo sobrepasa llegando a los 80, si tiene algún valor sólo es el de la pena y el trabajo-." No cumplió los 80 años. Sufrió un ataque del cual se repuso durante unos pocos meses, pero las fuerzas lo iban abandonando. No podía ni escribir su nombre y olvidaba lo escrito. Las imágenes se borraban de su espíritu y ya no conocía ni a sus íntimos. Su cuerpo, al que había apodado con ironía "su pobreza" estaba seco y mustio. 

Harto y fatigado de la vida, la muerte lo alejó de tan lastimoso estado un 12 de febrero de 1804. En suma, fue un individuo profundo, sencillo, obsesivo y recto, económico y detallista, independiente en sus juicios certeros, leal, honesto, ordenado y solitario; este altruista pequeño burgués alemán fue un ideal universal para todas las generaciones posteriores y para el ser humano en general.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA


Dedicó el tiempo y su intelecto a la enseñanza; fue profesor e investigador antes que un creador. Escribió artículos, gastando los dones de su talento y su erudición en tareas didácticas, que consumieron su energía creadora. Su producción lírica cesó a los 26 años. Quedan 54 poesías dispersas a través de publicaciones en Santo Domingo, el Caribe y los Estados Unidos; sorprende su natural encabalgamiento. Traduce  algunos sonetos de Baudelaire

Su vida

Siendo adolescente, su padre lo envió a Nueva York. Frecuentó el mundo lírico y el científico para terminar siendo un  crítico. En 1905 se instala en Cuba y cursa estudios de abogacía.
No fue un hogar religioso. A los trece pensaba sin desazón en los fundamentos de la religión y, a los quince, se volvió agnóstico. Pasó luego por un período positivista, con fe en el progreso y el porvenir aunque sus lecturas lo llevaron a la duda. En 1906 se trasladó a México y su pensamiento maduró; no negará a Comte, pero lo minimizará, criticando sus contradicciones  y su deficiencia. Aún no había descubierto a Kant: gracias a su filosofía,  se apartará del positivismo.
Aristocrático en sus gustos, corregía la ignorancia, denunciaba la barbarie, compadecía la mediocridad y detestaba la demagogia. Deseaba que la elite elevase a las masas. Fue un utópico: soñó con una América española como  patria justa antes que una patria cultural. Regresa a los Estados Unidos recibido de abogado; obtuvo  el doctorado de filología. Tiende hacia la crítica  artística o bibliográfica, y prosigue con sus ensayos de estética. Es corresponsal de El Heraldo -en Cuba- y redactor -en Nueva York-. Su padre  es depuesto como gobernante en Santo Domingo y él regresó a México.
Durante cuarenta años mantuvo correspondencia con Alfonso Reyes; epístola rica e interesante en filología, crítica, ensayo y lingüística, donde ambos  alcanzan niveles insuperables. Alfonso Reyes posee un desborde imaginativo, con típicos rasgos de humor, mientras él  posee un estilo de rigor conceptual; uno parece parco, frente a  la locuacidad del otro, aunque siempre impresiona la excepcional abundancia de noticias literarias y su personal concepción del mundo, cuando interpreta un hecho histórico o cultural.

Lo peculiar y lo universal en su tiempo

Fue ampliamente reconocido como uno de los grandes maestros de América,  despertando una conciencia  e identidad universal hispanoamericana, apuntando a los autores y obras de los países centrales de América. No fue ni nacionalista ni ampuloso ni un cosmopolita sumergido en la frivolidad. Fue un activo profesor de literatura, preocupado por poner a sus discípulos en contacto con los libros, incitándolos a concurrir a conferencias y a todo evento relacionado con las letras. Señalaba errores, descubría faltas, siempre contagiando su capacidad de asombro. Apoyaba toda manifestación tanto literaria como de  otra índole  en sus alumnos adolescentes.
 Entre sus libros podemos citar "Las corrientes literarias en la América hispánica", "Las conferencias inglesas”, “la historia de la cultura en la América hispánica" y "Seis ensayos en busca de nuestra expresión"."El español de México, los Estados Unidos y la América Central". Su texto más discutido fue "El supuesto andalucismo de América",  y "Sobre el problema del andalucismo dialectal en América", tema abierto para futuras interpretaciones.
Aconsejaba establecer jerarquías y escalas de valores, sin transformar los panoramas regionales del proceso cultural latinoamericano en su tradición. La mayoría de sus esfuerzos los dedicó al estudio de la lengua y sus modificaciones, desde el tiempo de la Conquista  ocupándose también de las lenguas autóctonas a fin de comprender ese peculiar sabor de lo nuestro, recogiendo trabajos de investigaciones anteriores y enriqueciéndolos con su aporte personal. Fue un  crítico  de historia literaria, salvando del olvido a autores marginales, con su justa apreciación estética. Estaba atento a los valores individuales literarios de cada tendencia y cultura pues  le interesaba tanto la palabra como el sonido, el color y por supuesto la estética.
La lengua no es una obra contemplativa sino  actividad;  géneros y escuelas no son instituciones normativas sino conceptos históricos;  la literatura es creación, no simple mímesis; selección, no reproducción; poesía, no técnica. El proceso se realiza  dentro  del artista, cuando se traslada de la tensión espiritual al logro expresivo. Afirmaba que el asombro ante toda novedad era una emoción estética, y que la originalidad era  fundamental pero, si el autor lo completaba con imágenes filosóficas, morales, místicas o políticas, la obra ganaría en el sentido universal, no sólo en    su intima individualidad.
Sostenía que la lengua Hispanoamericana tenía   carácter, aunque siendo meros españoles  alterando el idioma. Dudaba si teníamos originalidad o éramos  simples imitadores  europeos. Buscó la expresión genuina, la conciencia de nuestro idioma sosteniendo que la superioridad del acto  creativo no estaba en el tema sino en la actitud y que "no éramos mejor por el color local sino por la calidad, por el ansia de perfección,como única norma".
Era  imposible eliminar los influjos occidentales de nuestra lengua. Teníamos derecho a los beneficios de la cultura occidental, aunque reconocía una cultura como una síntesis entre ambas fuentes: la española y la indígena.
Afirmaba que el modernismo fue el movimiento  americano, independiente  más  interesante,con Darío como guía.

Expresión o utopía

No fue un erudito parco, indiferente y frío. Buscaba las raíces en el pasado y en el futuro aunque mirando el presente, con una intensa sensibilidad social. Creía en el trabajo conciente y riguroso, sin confundir la creación  con  genialidad,  pues la simiente germinaría en los momentos más inesperados. América era el tema principal de sus trabajos y a ese tema se dedicó con dedicación.

Características de su personalidad

Pausado en la conversación, tanto en la cátedra como en tertulias coloquiales, su charla fluía transparente y erudita. Conciso en sus conceptos, brillante, este hombre de cultura universal era un humanista y un crítico  de rigor

Conclusión
Para ejercer el juicio general sobre una civilización, no basta conocer los rasgos: es necesario que sean apreciados y advertidos los valores y así venciendo  azares y dominado el desaliento, el esfuerzo  alcanzará  su máxima expresión en obras significativas. Cuando se las conozca,  se la  apreciará como una obra esencial.

Bibliografia: Revista SUR, "Pedro Henriquez Ureña (centenario de su nacimiento)", número 355, julio - diciembre de 1984, Buenos Aires. 



viernes, 1 de noviembre de 2013

REMBRANDT

REMBRANDT

Muere a los 63 años  -siglo S XVII-  tres años antes de pintar este cuadro.La tormentosa vida del holandés y su trayectoria final lo inspiró para pintarlo. Muchas muertes, demasiadas, empañan  su vida: tres hijos,  su adorada  mujer Saskia, más dos hijas; dos  amantes con las cuales  convivió durante años  y  su amado hijo Titus, que vivió hasta los 26 años, y murió al poco tiempo  de haberse casado. Sólo su  última hija, Cordelia,  su nuera y su nieta lo sobrevivieron.Del éxito al fracaso y desengaños, de ser popular  a buscar  la soledad,  su vida dio un vuelco  de 180 grados. Su popularidad se evaporó; en siete años la justicia lo declaró insolvente: cedió propiedades a favor de los acreedores y  vendió el resto de sus pocas pertenencias.Ni en sus años de pintor fue romántica su vida. Debió subordinarse a las exigencias y a los retos de los patrocinadores, ocupándose de los temas que le encomendaban, por necesidad de dinero. Pagó un enorme precio a cambio de ser célebre.  Su popularidad se evaporó; pese a que muchos coleccionistas y críticos lo siguieron considerando uno de los más grandes pintores de su tiempo.Ciertos biógrafos lo presentan como un egocéntrico, siempre buscando  beneficio y  halagos. Su trato era difícil: su vida también lo fue.  Si uno se detiene en los autorretratos, su pintura bien puede dividirse en  dos etapas; los de su época gloriosa, donde se pinta sensual,  altanero,   con cadenas de oro,  cuello almidonado y casco de bronce. En otros, en cambio lleva sombrero de paño,  turbante o boina, de acuerdo a la ocasión. Ganó  importantes sumas de  dinero y las gastó en adquirir  objetos caros: brocatos, puntillas,  joyas, muebles antiguos, ropa lujosa, adornos   que  luego trasladaba a la pintura.Al envejecer se inclinó hacia el tenebrismo, donde su talento es único, buscando quizá una belleza digna en el drama interno, sin la fausto de los adornos de los primeros años ni los cabellos  tupidos del reluciente  joven soberbio, cuando se pintó con su mujer Saskia, a los treinta años, representando a un  hombre  alegre, como si fuera Baco, ebrio, libidinoso, los labios semiabiertos,  la cabellera llena de rizos, mirando al  espectador  desdeñosamente, mientras con la mano izquierda roza la espalda de su mujer.Sería más fácil aceptar al lujurioso  pintor, en vez del personaje  malgastando su dinero en pleitos, a causa de esos interminables juicios que acapararon su atención.A los cincuenta años alcanza la paz espiritual;  notamos,  por los temas  más intimistas que pinta, que nada lo logró amargar: se tornó,  en cambio, más espiritual. En 1663 muere su última  gran compañera  y cinco años después su querido hijo Titus muy joven recién casado. Fue un golpe macabro: lo idolatraba. Los temas de su pintura fueron menos lujuriosos y se volvieron más intimistas, dibujando ancianos, absorbido por su belleza interior.   Frente a la luz del cuadro,  que analizaremos en un instante, se oculta el alma humanizada del pintor. Ya no le seduce ni la riqueza ni la fama. Su popularidad se evaporó, pese a que muchos coleccionistas y críticos de su tiempo  lo siguieron considerando uno de los más grandes pintores de la época. El Cuadro: el Regreso del hijo pródigo. El cuadro  nos deja en éxtasis. Fue adquirido por Catalina La Grande,  tres años antes de su muerte y expuesto en el Museo Hermitage, en San Petersburgo; su tamaño es mayor que el natural: dos metros de alto por casi dos metros  de ancho.

El cuadro se expone en una pared que recibe luz natural. Al  mediodía,  las dos figuras del fondo  se   perciben borrosas -salvo el sombrero negro, con el ribete dorado, y la muñeca del único hombre  sentado-.
En cambio, las dos figuras protagonistas  -padre e  hijo culposo- frente al cálido púrpura del manto paternal  y el ámbar dorado de la túnica del hijo rebelde, cobran una intensidad diferente, predominando los ocres, el granate y los  castaños. La riqueza se refleja  en la columna  y en las ropas;  el arrepentido no posee manto y sus pies muestran unas sandalias gastadas. En la Parábola del Evangelio, el progenitor  ordena a uno de sus criados que traiga una túnica y sandalias nuevas, pues desea ver a su hijo con ropas de lujo. Da orden de matar el ternero cebado, reservado para un evento importante.La alegría del regreso de su hijo esconde la tristeza de su partida: el encuentro deja atrás el pasado. El hijo menor La belleza del cuadro se encuentra  en la compasión que reflejan las manos. La ropa del anciano esconde su cuerpo,  desmejorado y cansino. La pintura  ocre en el hijo arrodillado, con matices más oscuros, están en armonía con el manto carmesí del padre.
El hijo, sucio y andrajoso,  señala su miseria. Conserva una cicatriz en el pie izquierdo, mientras el  derecho yace descalzo, con la sandalia a un lado. Nos asombra que conserve su espada,  única señal de abolengo: indica que aún es  hijo de su padre.Cuando no tuvo más dinero para malgastar, lo ignoraron; no tenían nada en común; ningún vínculo los unía. Sintiéndose  un extraño, humillado, alimentado peor que los cerdos, decide regresar a la casa paterna, pues su padre  trata mejor a  sus esclavos. El hijo mayor Sobresalen las manos paternales, envueltas en luz.
Tres testigos  observan la escena -una mujer y un hombre sentado-,con  cierta tensión en el rostro. De pie, a la derecha,  el hijo mayor, la mirada  impávida y distante, mirando con ojos críticos la reconciliación entre padre e hijo.  Su autoestima se siente lastimada por el gozo paterno.  Solo y excluido, siente injusta  esta demostración  de afecto paternal.En la parábola,  el hijo mayor no se encuentra  en el momento del reencuentro del padre con su hermano.  Regresa,  cuando la fiesta está en pleno apogeo.
 Nadie salió a buscarlo y contarle la buena nueva. Comenzaron el festejo, sin esperarlo. Está emocionalmente agredido; fue siempre un hijo obediente, trabajador y su padre y jamás le otorgó ni un mero cabrito para él y sus amigos. Tampoco forma parte del abrazo entre ambos: de pie, mira la escena, sin conmoverse.A este hijo  obediente y dócil, Rembrandt le deja la opción de alegrarse o no. El  conflicto interno  está  reflejado en la mirada, sin atisbo de sonrisa alguna.Asimismo, uno puede elegir entre ambas opciones: quien lo pinta nos deja en libertad. Uno se involucra, se pregunta; no existe explicación en el título ni en la pintura. Será un enigma para siempre la conducta del hermano mayor, testigo principal  en el lienzo magnífico de El regreso del hijo pródigo.Hay resentimiento y rechazo frente a la conducta paterna, aunque  nadie, en la parábola o en la pintura, lo fuerce a participar: será su decisión y -para nosotros- una incógnita.

Bibliografía: Nouwen, Henri J. EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO, Meditación sobre un cuadro de Rembrandt (adaptación de Cristina Bosch)

lunes, 9 de julio de 2012

ARTE POÉTICA Siglo I. (Horacio)

              


Si a un pintor se le ocurriese unir una cabeza humana a un cuello de caballo y, juntando miembros de toda clase de animales, los cubriera de variadas plumas  de modo que, siendo una mujer bella en la parte superior, rematase monstruosamente en un disforme pez: ¿podrías contener la risa?
Sería lo mismo si un libro fuera de propósito de ideas vanas, confusas, cual los delirios de un enfermo, de suerte que ni el principio ni el fin tuvieran la unidad del conjunto: LA LIBERTAD NO ES PARA PONER LO FIERO CON LO MANSO NI PARA UNIR PALOMAS CON VÍBORAS NI TIGRES CON CORDEROS.

A veces a un comienzo grave que promete maravillas se zurce uno que otro remiendo de grana muy brillante: Si empezaste a hacer un ánfora ¿por qué, dando movimiento a la rueda te sale una taza? TODA OBRA DE ARTE HA DE TENER POR FUNDAMENTO LA SIMPLICIDAD Y LA UNIDAD.

El arte de unir las palabras tiene también sus secretos. La libertad no es licencia y has de proceder con tiento.
Cada  escrito tiene su carácter, y cada tema, su colorido: ¿Por qué, si no puedes ni sabes guardar el debido estilo, se te va a llamar poeta?  
Un asunto cómico no puede ser tratado en verso trágico ni se deben tratar temas serios en versos familiares, apenas dignos del estilo cómico. GUARDEN LOS LÍMITES Y EL ESTILO ADECUADO, QUE EL BUEN GUSTO LES TRACE.
No basta que los poemas tengan belleza y estilo; es necesario también que sean patéticos y que lleven tras sí el corazón del oyente.
Si quieres que llore, llora tú primero, entonces harán mella en mí tus desgracias, porque si no, me darán risa. 
SI LAS PALABRAS NO CORRESPONDEN AL ESTADO DE ÁNIMO, SE REIRÁN O SE ABURRIRÁN O LO PERO AÚN: LES  DARÁN GANAS DE DORMIR.

No hagáis hablar a un esclavo como  un héroe, a un anciano como un joven fogoso, en la flor de su edad. Sigue la tradición, tocante a lo caracteres de los personajes, o sé consecuente, cuando inventes.

Un asunto común, tratado ya por otros, lo puedes tratar tú también y será como cosa tuya, si lo hicieras sin trivialidad, sin andar a rastras del autor y sin que pusieres tu empeño, como un servil copista en seguirlo palabra por palabra.
Los montes que están de parto:¿qué paren? Un ratoncillo que da risa.
Observa con cuidado las diversas costumbres de cada edad. El genio cambio con los años y has de fijarte bien que las inclinaciones cambian con la edad.

Una acción se representa en la escena como presente o se cuenta como sucedida.
- Empezar sin énfasis, modestamente.
- No servirse groseramente de frases demasiado crudas.
- Tanto cuesta el orden como la unidad.
- El verso demasiado cargado acusa la precipitación del escritor y su negligencia; serán versos sin enjundia, llenos de sonoros gongorismos. Vuelve al yunque esas palabras mal forjadas.
-Sé breve, para que el entendimiento los perciba pronto y retenga fielmente tus palabras. Todo lo superfluo se va y rebosa de la memoria.
-El principio y la fuente para escribir  tendrás guardada nueve años. Podrás así corregirla a tu gusto.

El amigo sincero  y docto no hallará excusas para los conceptos lánguidos; no tendrá piedad para las palabras mal sonantes; tachará de un plumazo lo mal desaliñado y sin gracia; cercenará los adornos altisonantes; tal frase oscura deseará que se aclare, tal vocablo equívoco, intentará que desaparezca; no dejará pasar nada que a su juicio no sea lo correcto: será inflexible.